Ciudad de México, 27 Jul-26 (Agencias/VRed).- Las iglesias no católicas, principalmente pentecostales y neopentecostales, y los nuevos grupos religiosos siguen ganando terreno entre la población mexicana. En algunos municipios incluso dejaron de ser minorías para convertirse en mayorías, en un proceso que investigadores describen como una movilidad religiosa cada vez más intensa.
“En México –y también en América Latina– hay casos en que ya no son minorías; en términos porcentuales, ya son mayorías. Por ejemplo, en los Altos de Chiapas, el Censo del Inegi de 2020 muestra municipios donde la población evangélica representa entre 30 y más de 40 por ciento y, en algunos de ellos, las iglesias no católicas ya son mayoría”, dice Carlos Martínez García, investigador y cofundador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano (Cenpromex).
Detrás de este fenómeno confluyen múltiples factores, explica el también sociólogo y periodista: problemas existenciales o crisis de distinto tipo, la búsqueda de una experiencia espiritual y el acompañamiento que ofrecen otras congregaciones.
Martínez añade que en los últimos años Internet, las redes sociales y las plataformas digitales han fortalecido la difusión de iglesias evangélicas y neopentecostales, que producen contenidos “de manera cada vez más intensa y creativa” y con altos niveles de profesionalización.
La movilidad religiosa, dice, observada desde los censos de 1970 y 1980, también responde a que muchos se identifican como católicos sólo de forma nominal y, al cambiar de confesión, asumen un compromiso más activo con su nueva comunidad. “Yo diría que más que descatolización o protestantización lo que podemos decir es movilidad religiosa, como lo ha fijado el investigador Carlos Garma Navarro”, remarca.
También sostiene que el aumento de personas registradas en los censos como “sin religión” no necesariamente refleja un crecimiento del ateísmo, sino que muchos creyentes se identifican así porque privilegian una relación personal con Dios sobre la pertenencia a una institución religiosa.
“Muchos grupos, sobre todo neopentecostales, cuando les preguntan qué religión tienen, pues dicen ‘no tengo una religión’. Ese segmento todavía no se mide bien.”
En el ámbito político, señala que un sector del evangelicalismo busca ganar presencia electoral, aunque subraya que partidos como el nuevo PAZ (una evolución del extinto PES) “no son representativos del cristianismo evangélico mexicano” y que las preferencias políticas de los no católicos son diversas.
Recuerda que grupos como la Iglesia de la Luz del Mundo han encontrado espacio en distintos partidos, incluido Morena, lo que refleja alianzas políticas cambiantes más que una representación uniforme del voto evangélico.
“Es algo que tendrían que explicar (los partidos): por qué esas puertas abiertas a grupos que tienen una agenda muy particular, que ahorita están de aliados con unos, pero después con otros. Son muy maleables sus lealtades políticas”, concluye.



