
+++ Pasamos de los “therians” a los “farmeadores de aura”.
La cultura digital vuelve a saltar de las pantallas a las calles. Lo que comenzó como una expresión de internet y un juego de validación entre jóvenes empieza a convertirse en una nueva forma de exhibición pública, competencia y búsqueda de reconocimiento.
En parques, espacios públicos, bachilleratos y universidades de distintas ciudades comienzan a aparecer jóvenes que participan en las llamadas “batallas de aura”. Durante unos segundos suben a escenarios improvisados para posar, bailar, caminar, hacer gestos o ejecutar algún movimiento con la intención de proyectar seguridad, estilo y personalidad.
El público observa, grita, ríe y, sobre todo, graba.
Xalapa no parece estar ajena al fenómeno. Este miércoles, a unos metros del Palacio de Gobierno, en el Parque Juárez, se realizó la primera batalla ante centenares de asistentes, la mayoría jóvenes.
También hay reportes de esta tendencia en espacios universitarios de Puebla y Veracruz, mientras los videos circulan rápidamente por TikTok y otras plataformas.
Más que una simple ocurrencia juvenil, el fenómeno resulta interesante porque muestra cómo la economía de la atención está convirtiendo el carisma en una especie de moneda social.
¿Qué significa “farmear aura”?
“Farmear aura” viene del inglés “aura farming” y del verbo farmear, tomado del lenguaje de los videojuegos, donde significa acumular recursos, experiencia o puntos.
En este caso, el recurso que se pretende acumular es el “aura”, presencia, seguridad, estilo, carisma o esa capacidad de parecer cool ante los demás.
Por eso:
Hacer algo con seguridad y presencia: “+1,000 de aura”.
Realizar algo impresionante sin presumir: “Está farmeando aura”.
Hacer algo vergonzoso o quedar mal: “-500 de aura”.
Posar, bailar o actuar para provocar reacciones, “Anda farmeando aura”.
En otras palabras, los jóvenes convierten la personalidad en un videojuego imaginario, donde las miradas, los aplausos, las risas, los comentarios y las reproducciones funcionan como puntos.
De las pantallas a la calle. Lo verdaderamente interesante no es la expresión en sí, sino lo que representa.
Durante años, las redes sociales ofrecieron el escenario perfecto para construir una identidad pública. Una fotografía, un baile, una pose, un video o una frase podían convertirse en mecanismos para conseguir aprobación.
Ahora, esa lógica parece regresar al espacio físico.
La validación digital se transforma en ritual colectivo. Un joven sube a un escenario improvisado, tiene unos cuantos segundos para demostrar “aura”, el público reacciona y alguien graba el momento. Después, el video vuelve a las redes para continuar el ciclo.
La calle genera el contenido y las redes lo multiplican.
El antecedente de los “aura points”. La expresión no apareció de la nada.
Durante 2023 comenzó a popularizarse en internet la idea de los “aura points”, una especie de marcador imaginario para medir qué tan “cool” o impresionante resulta una persona.
En 2024, comenzó a circular con mayor fuerza el término “aura farming”.
Y en 2025, el fenómeno adquirió una dimensión global con la viralización de Rayyan Arkan Dikha, el joven indonesio que bailaba en la proa de una embarcación durante las competencias tradicionales de Pacu Jalur. Su seguridad y estilo fueron convertidos por internet en la representación perfecta del llamado “aura farming”.
Pero hay una paradoja.
Si tienes que esforzarte demasiado para demostrar que tienes aura, probablemente ya perdiste aura.
Porque el verdadero aura farming funciona precisamente cuando parece natural, espontáneo y sin esfuerzo.
Quizá ahí esté la parte más interesante del fenómeno.
No estamos simplemente ante una nueva moda de TikTok.
Estamos viendo a una generación que creció entendiendo que ser visto equivale, en buena medida, a existir socialmente.
Los likes, las reproducciones, los comentarios y ahora los “puntos de aura” son distintas formas de una misma moneda. La atención.
Y cuando la atención se convierte en capital social, hasta caminar, posar, bailar o quedarse inmóvil frente a un público puede transformarse en competencia.
Primero fueron las redes. Después llegaron los escenarios. Ahora la calle también es contenido.
Y mientras algunos preguntan qué es eso de “farmear aura”, una nueva generación ya está convirtiendo el concepto en espectáculo.
En la era de la atención, el carisma se farmea.


