Secas Mecas.- Por Oved Contreras
UNA ESQUELA PARA JOSÚE. Josué Hernández Cayetano, 21 años, estudiante de Ingeniería en Sistemas y Tecnologías de la Información en la Facultad de Estadística e Informática de la UV y alumno del Centro de Idiomas (inglés y chino básico), fue localizado sin vida tras 14 días desaparecido en Xalapa.
Había sido visto por última vez el 5 de septiembre en la zona de Marina Nacional, en Xalapa. La ficha de búsqueda indicaba que requería tratamiento médico especializado, que había salido en estado descrito como «alterado» por sus familiares, bajo medicación, dejó su celular en casa y abordó una camioneta Nissan X-Trail negra. La Comisión Estatal de Búsqueda desactivó la ficha y la UV confirmó el deceso con esquelas. Hasta ahora la Fiscalía no ha informado causas de muerte.
No es una estadística. Era un joven universitario y su caso nos obliga a mirar de frente un problema que llevamos años normalizando.
De acuerdo con la ficha oficial y los testimonios de su familia, Josué no fue víctima de la inseguridad, al menos hasta ahora no hay ningún dato oficial que así lo confirme. Salió de casa sin celular, en un momento de alteración emocional, bajo tratamiento médico. Eso no hace su caso menos grave. Lo hace más revelador.
En Veracruz, la desaparición de jóvenes universitarios se ha vuelto un fenómeno con múltiples rostros: violencia criminal, sí, pero también crisis de salud mental no atendidas, falta de protocolos de reacción rápida, y una ciudad como Xalapa que se oscurece a las 7 de la nocheen los corredores universitarios.
Esta misma semana, la propia UV exigía la localización de Daniela Sánchez Delgado, estudiante del campus Veracruz-Boca del Río desaparecida desde el 10 de septiembre. Y este 2026 ya suma seis esquelas institucionales de estudiantes fallecidos, entre accidentes, homicidios no esclarecidos y desapariciones.
PROTOCOLOS TARDÍOS…La ficha de Josué se difundió gracias a su familia y amigos. La universidad reaccionó con solidaridad, pero no existe un sistema de alerta temprana vinculado a tutores, clínicas y salud mental que se active en las primeras 24 horas.
La ficha decía claramente: «requiere tratamiento médico especializado». ¿Cuántos Josués tenemos en aulas sin acompañamiento psiquiátrico real, sin que un tutor sepa qué hacer si un alumno deja de ir o se va alterado? Además Xalapa no es segura para caminar siendo estudiante. Iluminación, transporte seguro nocturno, senderos vigilados entre facultades y zonas de vivienda estudiantil. No es discurso, es infraestructura.
La ficha de búsqueda específica que Josúe, el último día que fue visto por su familia, salió «alterado». No enojado. Alterado. Con esa palabra con la que se trata de explicar sin exponer que necesitaba ayuda, que estaba bajo tratamiento, que tenía un lunar de medio centímetro en el pecho como seña para encontrarlo.
Durante 14 días, sus amigos hicieron lo que la ciudad no supo hacer: compartieron su foto, describieron su complexión mediana, su piel morena, su cabello negro corto, preguntaron por una camioneta negra. No era un caso viral. Era un compañero que no llegó a clase.
El sábado la Comisión Estatal de Búsqueda desactivó la ficha. La FEI y el Centro de Idiomas publicaron dos esquelas chiquitas, con tipografía institucional. «Lamentamos el fallecimiento». Y se acabó. Pero no se debería acabar ahí.
Porque detrás de esa esquela hay algo que todos quienes fueron foráneos en la UV entienden: la soledad de estar enfermo lejos de casa. La vergüenza de pedir ayuda psicológica cuando el servicio de la universidad tiene lista de espera de un mes. El miedo a decirle a tu tutor que no puedes más, que estás medicado, que a veces te alteras y no sabes a quién marcar si dejaste el teléfono.
Josué no debe ser usado para alimentar el miedo ni para una narrativa política. Su familia pidió respeto, y el respeto empieza por no inventar causas. La autoridad debe esclarecer cómo y dónde fue hallado.
Pero sí debe servir para exigirle a la UV y al Gobierno del Estado algo más que esquelas. Un protocolo de búsqueda inmediata con perspectiva de salud mental, una red de apoyo psicológico que no sea un teléfono que nadie contesta, y una Comisión de Búsqueda con recursos reales.
Hoy, la comunidad de Estadística e Informática está de luto. Que ese luto no se quede en un moño negro en Facebook. Que se convierta en la última vez que buscamos a un compañero por 14 días sin saber por dónde empezar.



