
+++ Carmen Medel y su organigrama, caso de estudio para la Ciencia Política, Antropología, Sociología y Periodismo
+++Flores, pintura, selfies, maquillaje y “lives”, apariencia de gobernar para ocultar bajo la alfombra baches, aguas negras, basura
+++ Extorsión institucionalizada a través de un Código Hacendario, operada por un círculo de interés formado por empleados y familiares, todos cómplices
Por Miguel Angel Rueda-Ruiz
El gobierno municipal de Carmen Medel Palma en Minatitlán, al sur de Veracruz, durante el cuatrienio 2022-2025, representa un caso paradigmático de cómo la gestión pública local deriva en un espectáculo de gobierno -gobierno performativo, donde la construcción y el uso circense de la imagen distrae la atención de las demandas sustanciales, estructurales, y su resolución.
Electa bajo la bandera de Morena y la Cuarta Transformación, la administración se comprometió a un “gobierno de puertas abiertas” enfocado en el florecimiento municipal. Sin embargo, a semanas de concluir el cuatrienio, una de las características predominantes es la confusión sistemática entre el manejo de imagen y difusión con una puesta en escena teatral.
Las acciones de gobierno semejan más a tramoya escenográfica, una pista de circo, que a intervenciones reales que atiendan urgencias como pavimentación, seguridad, drenaje desarrollo económico y cultural.
Una revisión periodística con perspectivas sociológica, antropológica y de ciencia política, desglosa cómo la priorización del montaje narrativo estuvo por encima de resolver demandas ciudadanas, erosionó la legitimidad institucional y generalizó el rechazo a sus acciones de gobierno.
Cuando un gobierno local decae en espectáculo —en rituales, apariencias, gestos, amenazas, manipulación mediática, gestiones más de imagen que de contenido—, se inscribe en “gobernanza performativa” que desplaza la gobernanza real con resultados simbólicos (poder visible, temor, obediencia, adhesión mediática) pero a costa del interés público real.
Desde el inicio de su mandato, Medel Palma enfatizó una narrativa de transformación a través de inauguraciones y supervisiones públicas, estos actos se revelaron como escenarios armados con fines simbólicos más que funcionales.
Uno de los incidentes emblemático ocurrió en febrero de 2023, cuando una fotografía oficial del Ayuntamiento la mostraba “supervisando” una obra pública, pero un error de edición digital la hacía aparecer levitando sobre el sitio de construcción.
Esta imagen, viralizada en redes sociales, generó memes y burlas que expusieron la fragilidad de su estrategia de difusión. En lugar de documentar avances reales, priorizó una proyección visual de autoridad que colapsó en lo ridículo.
La alcaldesa y su equipo respondieron defendiendo la “autenticidad” de la foto, pero el episodio subrayó una desconexión. Mientras los automovilistas padecen a diario los incontables baches, fracturas y hundimientos en el pavimento de las calles y fugas en el sistema de agua y drenaje, los esfuerzos de Medel se concentraban en armar “escenarios” fotográficos.
Otro caso ilustrativo fue el incidente del columpio en el Parque Acuático El Manatí, ocurrido en marzo de 2025. Apenas instalado como parte de las “obras emblemáticas” de rehabilitación del parque —un proyecto insignia de su administración para reactivar el turismo local—, la tabla de un columpio fue robada durante la noche.
El Ayuntamiento, encabezado por Medel Palma, lamentó públicamente el acto como un “vandalismo” que atentaba contra un “plan extenso de promoción y atracción turística”, expresando rechazo rotundo y condenando a “esta gente” por no respetar las inversiones municipales.
Esta narrativa no solo acusó implícitamente a la población local de ser ladrona y desagradecida —reforzando una división entre “el gobierno transformador” y una ciudadanía supuestamente vandálica—, sino que derivó en un castigo desproporcionado.
El comisario de la Policía Municipal, Jorge Antonio Zambrano Ortiz, obligó a los elementos a comprar de su propio bolsillo la tabla de reemplazo, generando molestia generalizada entre los uniformados por esta sanción económica injusta.
Este hecho, en lugar de fomentar la vigilancia colectiva o invertir en seguridad real, priorizó la escenografía de indignación para redes sociales, mientras el parque —prometido como oasis recreativo— siguió vulnerable a daños menores que simbolizaban el fracaso en la gestión cotidiana.
Esta tendencia se repitió en eventos posteriores. En octubre de 2025, un enfrentamiento público con la gobernadora Rocío Nahle durante un acto oficial cristalizó esta escenografía desbocada. Medel Palma reclamó airadamente atención a su discurso, actuando como una “payasita de crucero” en un intento fallido de proyectar firmeza, lo que resultó en aislamiento político y ruptura de canales institucionales entre el municipio y el estado.
El “Parque Canino”, inaugurado con bombo y platillo en 2024, presentado como una obra emblemática de inclusión y atención a “segmentos especiales” de la población -propietarios de mascotas, familias jóvenes- se trató en realidad de un espacio público preexistente que únicamente recibió una mano de pintura, bancas nuevas, un figura decorativa de feria -que pretende ser un monumento- y un letrero.
Carece de las características mínimas de un parque canino real. Los expertos afirman que no cuenta con área cercada exclusiva, bebederos, zona de entrenamiento, dispensadores de bolsas ni iluminación adecuada.
La asistencia es prácticamente nula; los pocos dueños de perros que lo intentaron usar regresaron a caminar en las calles porque el espacio es inadecuado. La inauguración, sin embargo, fue transmitida en vivo, con música, pastel y la alcaldesa cortando el listón como si se tratara de una gran obra de infraestructura incluyente.
Estos tres casos —la foto editada, el columpio castigado y el falso parque canino— ilustran una misma lógica. Se invierten recursos públicos en maquillaje y ceremonia para generar contenido mediático, mientras las demandas reales como calles inundadas de manera permanente en el Playón Sur, drenaje colapsado y hundimientos en La Obrera, seguridad y extorsiones a comerciantes, quedan relegadas.
En su tercer informe de diciembre de 2024, Medel Palma mencionó “inversiones históricas” superiores a 100 millones de pesos en infraestructura, consideradas montaje retórico que oculta un escenario de obras inconclusas, de mala calidad; personal desmotivado y una estructura administrativa sindicalizada tolerada y fracturada.
Estos ejemplos ilustran una prioridad invertida, en vez de acciones que resuelvan demandas urgentes —como la pavimentación de caminos rurales prometido en el Plan Municipal de Desarrollo 2022-2025—, el gobierno optó por narrativas escenográficas que simulan progreso, exacerbando la desconfianza ciudadana en un contexto de crisis y estancamiento económico local.
Desde la sociología, el gobierno de Medel Palma evoca el análisis dramatúrgico de Erving Goffman en La presentación de la persona en la vida cotidiana (1959), donde la vida social se concibe como un teatro con “escenarios frontstage” (públicos, performativos) y “backstage” (privados, caóticos).
Aquí, la alcaldesa operó predominantemente en el frontstage con supervisiones fotográficas, discursos inaugurales y lamentos públicos como el del columpio los cuales funcionaban como “máscaras” para proyectar una autoridad transformadora, alineada con el populismo de la 4T.
Sin embargo, el backstage —revelado en las marchas de los comerciantes hartos de las extorsiones de la dirección de Comercio y del crimen organizado, recortes masivos de personal (más de 250 empleados en 2025), pugnas internas, nepotismo (basificaciones de familiares directos) y castigos arbitrarios como el del reemplazo del columpio— expuso la tramoya, improvisaciones que generaban “problemas en lugar de resolverlos”.
Goffman argumenta que tales discrepancias erosionan la credibilidad cuando el público, los ciudadanos de Minatitlán, percibe la “ruptura de carácter”.
En Minatitlán, los memes del photoshop, el incidente con Nahle y la acusación al pueblo por un robo menor actuaron como tales rupturas, transformando la simpatía proyectada en ridículo y alienación social.
Esta dinámica resuena con estudios sociológicos sobre política local en México, como los de Pablo Piccato, quien en Ciudad de sospechosos (2010) describe cómo los líderes municipales usan espectáculos simbólicos para compensar la debilidad institucional, perpetuando ciclos de desconfianza como ocurre en Minatitlán.
Antropológicamente, la administración de Medel Palma puede leerse a través de Victor Turner en The Anthropology of Performance (1986), quien conceptualiza la política como “dramas sociales” donde rituales performativos crean un espacio transitorio de aparente transformación.
Las inauguraciones, supervisiones y reacciones a incidentes como el robo del columpio funcionaron como tales rituales: escenarios armados que evocan progreso (pavimentaciones “emblemáticas” o parques innovadores como el Jurásico), pero sin resolución de crisis reales, como el desastre natural en noviembre de 2024 por inundaciones.
Turner advierte que estos dramas fallan cuando no culminan en “reintegración” comunitaria; en este caso, la escenografía —acusando a la población de ladrona mientras castigaba a sus propios policías— generó “aislamiento político” y un “oasis para el nepotismo”, reforzando resistencias que se visibilizan en las incontables críticas en redes sociales.
La suma de aislamiento político y nepotismo reforzó su papel como protagonista en su circo gubernamental. Hacer y deshacer a su antojo por encima de normas, acuerdos para el equilibrio colectivo y violentando la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos.
Encerrada en el camerino de la gobernanza performativa, la alcaldesa y su actores de reparto ejercieron el Poder Público sin límites como ocurrió con la extorsión institucional usando como máscara el Código Hacendario Municipal. La crisis real que se exhibió en marchas y repudio público, así como la respuesta de la protagonista y actores cómplices advierte el rompimiento entre gobernante y ciudadano.
En el contexto antropológico latinoamericano, esto alude a las “fiestas políticas” descritas por Claudio Lomnitz en Deep Mexico, Silent Mexico (2001), donde espectáculos locales fabrican legitimidad en ausencia de redistribución, un patrón que en Minatitlán priorizó el ego personal sobre la cohesión social.
En ciencia política, Murray Edelman en Los usos simbólicos de la política (1964) ofrece un marco idóneo. La política desplaza atención de problemas reales hacia símbolos que evocan acción, pero sin impacto material.
La narrativa de Medel Palma con su lema oficial “Un Municipio que Florece” operó inversiones anunciadas y condenas públicas a robos, tratando de eclipsar obras inconclusas y el “desastre” administrativo convirtiendo al Gobierno Municipal en un lastre por el negligente trabajo de la alcaldesa.
Edelman critica cómo tales símbolos perpetúan desigualdades; aquí, la escenografía ignoró demandas urgentes -saneamiento real de Las Matas- exacerbando la brecha entre élites locales y ciudadanos, como en el caso del columpio donde se prefirió culpar y castigar internamente antes que invertir en prevención.
En el populismo mexicano líderes locales de Morena, como Medel, diluyen la agenda transformadora en personalismos, erosionando los principios de su propio partido.
El gobierno de Carmen Medel Palma ilustra los riesgos de una política escenográfica en contextos locales vulnerables. Mientras armaba escenarios para la difusión —desde fotos editadas hasta lamentos por columpios robados—, dejó un legado de tareas inconclusas, caos administrativo y descrédito que obliga a su sucesor a reconstruir instituciones fracturadas.
Sociológica, antropológica y políticamente, el caso Medel Palma requiere un giro hacia la “sustancia” —acciones verificables que resuelvan demandas porque la falaz y pobre simbología utilizada en Minatitlán, sin sustento, no transformó, solo distrae e irrita al colectivo.
En Minatitlán, el montaje circense de la alcaldesa y su equipo no solo falló a los ciudadanos, sino que acumuló el daño en la infraestructura urbana y rural además de radicalizar el ánimo colectivo en el municipio.
Esta tendencia se repitió hasta el final: el enfrentamiento público con la gobernadora Rocío Nahle (octubre 2025), las obras de pavimentación de mala calidad e inconclusas, y un tercer informe (diciembre 2024) que presumió “inversiones históricas” mientras se multiplican las obras inconclusas, personal desmotivado y una estructura administrativa fracturada.
El gobierno de Medel Palma es un ejemplo casi de manual del modelo dramatúrgico de Erving Goffman (1959). Una administración que vive permanentemente en el frontstage (inauguraciones, transmisiones en vivo, condenas públicas por un columpio o la foto “perfecta”), mientras el backstage —policías pagando de su bolsillo, parques que nunca fueron diseñados como tales, obras que se deshacen con la primera lluvia— queda oculto hasta que estalla en escándalo o meme.
Cada ruptura de fachada (la levitación, el castigo a policías, el parque canino fantasma) produce lo que Goffman llama “dramaturgical circumspection failure”, la pérdida irreversible de credibilidad.
Desde Victor Turner y James C. Scott, estos actos de inauguración funcionan como rituales fallidos: prometen una transformación (“¡Minatitlán tiene su primer parque canino!”) pero no generan redintegración comunitaria.
Al contrario, producen resistencias ocultas, la de los vecinos que no llevan a sus perros porque “no sirve”, los policías que filtran el castigo económico, los ciudadanos que comparten memes en grupos de WhatsApp.
Son las formas cotidianas de ridiculizar y deslegitimar un poder que se dedica a montar escenarios en lugar de gobernar. El recuento de la conversación digital orgánica de sus publicaciones en Facebook confirman la hipótesis.
Murray Edelman explicaría el parque canino como un “símbolo condensado”. Un acto que condensa supuestamente atención a minorías urbanas y sensibilidad moderna, pero que en realidad distrae de la ausencia de políticas reales de bienestar animal o de espacios públicos funcionales.
En un municipio donde más del 50 % de la población vive en pobreza y las prioridades siguen siendo agua potable y drenaje, presentar un terreno pintado de verde como “obra emblemática de inclusión” es el ejemplo perfecto de lo que Edelman llama “política simbólica que aplaca sin satisfacer”.
El cuatrienio de Carmen Medel Palma deja en Minatitlán una colección de escenografías fallidas. Una alcaldesa que levita en fotos, policías castigados por una tabla de columpio, un parque canino que nunca existió más allá del día del listón y la banda; un Parque Jurásico que se desbarata bajo el Sol inclemente minatitleco.
Lejos de resolver las demandas urgentes de la población, su administración priorizó la tramoya, el montaje y el escaso aplauso efímero de las redes sociales.
El resultado no es solo un municipio con las mismas carencias de siempre, sino una profunda erosión de la confianza ciudadana y un lastre político para el sucesor.
(Continuará. Parte II. Discurso inconexo y falso doctorado, uso familiar del presupuesto. Cae el telón, rasgado y parchado)


