
Crónicas del Poder.- Por José Luis Pérez Cruz
▪️Entre la ciudades con mayor inflación del país
▪️Es la capital regional del consumo
▪️La inflación no es una cifra abstracta.
Entrar a un supermercado de Coatzacoalcos se ha vuelto un ejercicio de resignación cotidiana. El carrito se llena menos, el ticket sube más y la sensación de que el dinero rinde cada vez menos ya no es una percepción aislada, sino una constante que atraviesa hogares, comercios y restaurantes.
Coatzacoalcos se ha colocado, de acuerdo con los datos oficiales, entre las ciudades con mayor inflación del país: 4.47% anual según información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y es que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) reportó que en la primera quincena de 2026 la inflación a tasa anual fue de 3.77% en el país.
Lo de la ciudad sureña no es un dato menor. Significa que vivir aquí cuesta más que en buena parte del territorio nacional y que la presión sobre el ingreso familiar es real, diaria y acumulativa.
Esta carestía no surge en el vacío. Coatzacoalcos cumple una función económica regional clara: es un polo de atracción para habitantes de municipios vecinos que llegan a comprar, a consumir, a comer, a resolver trámites o simplemente a pasar el día.
Restaurantes llenos los fines de semana, plazas comerciales activas y un flujo constante de consumidores provenientes del sur de Veracruz sostienen una economía de servicios dinámica.
Ese alto nivel de consumo, que durante años fue señal de fortaleza urbana, hoy también opera como un factor que empuja precios al alza. Cuando la demanda se mantiene elevada y la oferta enfrenta costos crecientes, el resultado es una ciudad cada vez más cara para quien vive en ella.
El contraste con otras ciudades del estado es evidente. Córdoba, por ejemplo, registra una inflación anual de 4.05%, menor que la de Coatzacoalcos; y en otros municipios veracruzanos —no incluidos en el bloque más inflacionario— la vida cotidiana resulta todavía más accesible.
OTRAS CIUDADES
La diferencia se nota en el precio de los alimentos, en la renta, en el transporte y en los servicios básicos. Para muchas familias, cruzar de municipio implica un respiro al bolsillo, aunque no siempre sea viable hacerlo de manera permanente.
En el contexto nacional, Coatzacoalcos no está solo. Ciudades como Chetumal (5.68%), Oaxaca (4.94%), Tulancingo (4.70%) o Matamoros (4.50%) muestran presiones inflacionarias incluso mayores.
Guadalajara, con 4.33%, o el Área Metropolitana de la Ciudad de México, con 4.39%, confirman que el fenómeno no distingue tamaño urbano. Sin embargo, el dato local pesa más cuando se traduce en decisiones domésticas: reducir salidas, cambiar marcas, aplazar compras o asumir deudas para cubrir lo básico.
En un solo punto conviene ser claros: de las 20 ciudades del país que superaron el 4% de inflación anual en la primera quincena de enero de 2026, 13 son gobernadas por Morena. Coatzacoalcos se encuentra en ese grupo.
El dato no explica por sí mismo la inflación, pero sí dibuja un mapa político-territorial que no puede ignorarse en el análisis público.
Más allá de siglas, el impacto social es palpable. La inflación erosiona silenciosamente el poder adquisitivo y golpea con más fuerza a quienes viven al día: trabajadores del comercio, empleados de servicios, familias que dependen de ingresos fijos.
En una ciudad donde se consume mucho, pero también se gana poco para el nivel de precios, la desigualdad se acentúa. El mes arranca con cuentas por pagar y termina con la sensación de haber corrido sin avanzar.
Los escenarios futuros no son alentadores si no hay ajustes. Si Coatzacoalcos mantiene su papel de centro regional sin políticas locales que amortigüen el encarecimiento —ordenamiento comercial, estímulos a la competencia, mejora en servicios públicos que reduzcan costos indirectos—, el riesgo es claro: una ciudad activa, pero cada vez menos habitable para sus propios residentes. La economía puede seguir moviéndose, sí, pero a costa de una calidad de vida que se encoge.
Al final, la inflación no es una cifra abstracta.
Es el café que sube de precio, la comida que se encoge en porción, la renta que ya no perdona. Y en Coatzacoalcos, esa realidad se siente más que en muchos otros puntos del estado.
Una ciudad viva, regionalmente poderosa, pero atrapada en el dilema de crecer caro y vivir ajustado.


