viernes, agosto 21, 2026
Inicio Noticias Opinión Mi reino por una visa

Mi reino por una visa

0
33
Más allá de compartir los ideales y el proyecto de nación impulsado por Andrés Manuel López Obrador, el peso y la sombra del liderazgo de éste limitan su margen de maniobra, sofocan con frecuencia su acción y borran su sello. El mismo hecho de que la presidenta se refiera a su antecesor como presidente y no como expresidente revela no sólo profundo respeto, sino también fuerte sujeción.
Más allá de compartir los ideales y el proyecto de nación impulsado por Andrés Manuel López Obrador, el peso y la sombra del liderazgo de éste limitan su margen de maniobra, sofocan con frecuencia su acción y borran su sello. El mismo hecho de que la presidenta se refiera a su antecesor como presidente y no como expresidente revela no sólo profundo respeto, sino también fuerte sujeción.

Sobreaviso.- Por René Delgado

Impresiona la desmesura, pero más inquieta la decisión de reducir la soberanía nacional al nombre y apellido de un cuadro político que, aun cuando se considere heredero de una causa y un movimiento –si tal legado se puede escriturar–, no ha acreditado tal merecimiento ni la verticalidad de su conducta.

No sorprende que Andrés López Beltrán se conciba como encarnación de la soberanía y víctima de una embestida por el retiro de su visa estadounidense. Sí asombra que, en respaldo –más lenguaraz que sustancial– de ese personaje, acudan el gobierno y Morena, como si no supieran que el golpe y la sobadita, la política del palo y la zanahoria del gobierno estadounidense es la herramienta empleada para amagar y generar miedo e incertidumbre a fin de imponer designios y caprichos.

La decisión del oficialismo de apoyar y consecuentar al hijo del líder no habla sólo de solidaridad, sino también de debilidad… de la disposición del gobierno y su partido de jugarse el sexenio, con el país en medio, por una visa. Si hay certeza de la impecabilidad de Andrés López Beltrán, no sobraría pedir al Instituto Nacional Electoral verificar la integridad de la candidatura del vástago, a fin de cuentas, recurso legislativo establecido a iniciativa de la jefa del Ejecutivo y aprobado por Morena y sus aliados.

Con el aval del INE y la certificación de las dependencias de seguridad e inteligencia nacionales, capaz y el gobierno estadounidense le pide disculpas al albacea de la llamada cuarta transformación y le repone la visa.

Ante la carta suscrita –a saber, si escrita– por Andrés López Beltrán donde participa del retiro de su visa estadounidense, la reacción presidencial y partidista es, pese a su apariencia, ambigua y lejos está de perfilar una estrategia.

Esa reacción acusa un sesgo político e injerencista en la decisión estadounidense, pero evita ahondar el conflicto con el gobierno vecino. Radicaliza el discurso, pero no llama a la acción o la movilización. Manifiesta respaldo al hijo afectado en aras de satisfacer al padre preocupado. Hace malabares con los conceptos del asunto personal y el asunto nacional. Busca no exacerbar la presión extrínseca sin verse asfixiada por la intrínseca. Recela de la siguiente y posible actitud de Donald Trump y de Andrés Manuel López Obrador frente al enredo. Ensaya balancear su postura y cumplir con ambos personajes sin irritarlos o correr peligros demás. La equivocidad y teatralidad de esa reacción hace pensar más en debilidad que en firmeza y, por momentos, en una cuestión de sobrevivencia política.

A casi dos años del relevo en el poder presidencial, la mandataria no acaba de asumirlo ni ejercerlo a plenitud, aun habiendo culminado con su concentración. Más allá de compartir los ideales y el proyecto de nación impulsado por Andrés Manuel López Obrador, el peso y la sombra del liderazgo de éste limitan su margen de maniobra, sofocan con frecuencia su acción y borran su sello. El mismo hecho de que la presidenta se refiera a su antecesor como presidente y no como expresidente revela no sólo profundo respeto, sino también fuerte sujeción. No ha logrado abrirse un espacio, sin que ello suponga romper. Por algo se sigue hablando de lopezobradorismo sin que aparezca la idea del claudismo ni se tenga claridad de cuáles integrantes del gabinete y otros polos de poder respondan estrictamente a ella.

Algo no muy distinto ocurre en el partido, las y los dirigentes que han desfilado al frente de él no han conseguido armar una estructura de autogobierno, establecer reglas del juego interno ni mostrar su propia personalidad política. En el mejor de los casos, dicho sin ánimo peyorativo, juegan un rol de administración o intermediación cuando no de apagafuegos.

Todo ello habla de debilidad que, conjugada con el desmantelamiento del Estado, deja con pocos mecanismos, palancas y resortes defensivos al país, cuya soberanía no lleva por nombre y apellido el Andrés López Beltrán y cuya nación no se circunscribe a los simpatizantes y militantes de un movimiento.

En todo esto llaman la atención dos ingredientes más.

Uno. Si habiendo sido operador de su padre, militante y dirigente de Morena y ahora virtual candidato a diputado de ese partido y diciéndose una persona que guía su vida con ideales, principios y honestidad, Andrés López Beltrán tuvo la deferencia de prevenir a la presidenta de la República y a la presidenta de su partido de la carta que subiría a sus redes. De ser así, sería interesante saber qué le dijeron la mandataria y la dirigente; de no ser así, puede concluirse que poco le importó al personaje colocar en un apuro al gobierno y su partido por un interés personal y exponer con bravuconadas al país.

Dos. En relación con el gobierno llaman la atención un par de cuestiones. Con poco margen de maniobra ante el gobierno de Estados Unidos, los radicales y los cuadros de Morena asociados al crimen, lejos de actuar donde tiene espacio, el gobierno impulsa asuntos que avivan la confrontación y la polarización, complicando aún más la coyuntura. Si la idea es encender focos de distracción, a ver si no se provoca un corto circuito fulminante. Asombra, asimismo, que el gobierno no reconozca que la animadversión o tempestad que hoy lo azota es, en cierta medida, la cosecha de los vientos que sembró desde el sexenio anterior.

Es hora de revisar la actuación.

Hasta hoy la reacción y decisión oficial de no indagar a presuntos socios políticos del crimen o la corrupción semeja más un envite que una estrategia.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí