Desde a Janela.- Por Felipe de Jesús Fernández Basilio @FelipeFBasilio: El presidente y la constitución III

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Felipe de Jesus
@FelipeFBasilio

En las últimas ocasiones, esta columna se ha dedicado a estudiar el juramento que de acuerdo con el artículo 87 de la constitución debe de pronunciar en su toma de posesión la persona que asume el cargo de Presidente de la República y que consiste en: guardar y hacer guardar esta constitución y las leyes que de ella emane, a desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la república, mirando por el bien y prosperidad de la Unión y si así no lo hiciere, la nación se lo demandará.

Así mismo, en la primera entrega de esta serie, hemos visto con ejemplos cómo López no ha cumplido con las dos primeras partes de dicho juramento, ya que en muchos casos no ha guardado ni tampoco ha hecho guardar la constitución ni las leyes que de ella emanan ni tampoco ha desempeñado con lealtad y patriotismo el cargo de presidente de la república y en la segunda parte vimos como no siempre ha visto por el bien de la Unión, tanto en un sentido amplio como lo es el país en su conjunto como en un sentido estricto que es el respeto al pacto federal, siendo el caso del gobernador de Tamaulipas el mejor ejemplo de esto último.

En esta ocasión y para concluir con el análisis de la fórmula que dispone el artículo 87 de la ley fundamental, terminaremos el tercero de los elementos que consiste en lo siguiente:

3) Mirando por el bien y prosperidad de la Unión: lo cual quiere decir que quien juramenta se compromete a actuar buscando lo mejor para todo el país y sus estados y así mismo se obliga a buscar el bienestar material o prosperidad de los gobernados.

Así es y como diría Bill Clinton, la economía cuenta y cuenta mucho.

Y es que esa disposición del constituyente no es por capricho o por hedonismo, sino que es porque uno de los fines del Estado es buscar la felicidad material de los gobernados, tan es así que desde la edad media se decía que el Soberano tenía la encomienda de buscar el bienestar temporal de sus súbditos mientras que la Iglesia el espiritual y a pesar del fin del absolutismo y la llegada del laicismo, este fin estatal quedó en los mismos términos y por ello quien asume el cargo de presidente de la república está obligado a mirar por la prosperidad de la Unión.

Ahora bien, la prosperidad necesariamente implica un desarrollo, el crear algo sostenible y que, con el paso del tiempo aumente la felicidad material de los gobernados y es aquí donde no debemos de confundir prosperidad con cosas que aparentemente dan un pequeño aumento de liquidez como lo es otorgar dinero o aumentar sin razón económica alguna los salarios mínimos.

Ya que este tipo de medidas lo que hacen, al igual que las drogas, es generar un instante de bienestar (quizá por ello el tema económico del gobierno de López es precisamente el bienestar) pero una vez que se termina, la situación vuelve a quedar como en un principio o incluso peor, haciendo dependiente al que lo recibe.

Mientras que la verdadera búsqueda de la prosperidad es el que el gobierno genere las condiciones para que la gente pueda emprender negocios que a su vez generen empleos y que ambos produzcan la liquidez suficiente para incrementar el consumo y con ello la recaudación de impuestos.

Pero esto sólo se consigue teniendo un marco legal que dé a todo mundo certeza debido a que el mismo se cumple de manera escrupulosa y no cancelando sin ton ni son inversiones como lo son el aeropuerto o industrias privadas, solo porque al “rey del palacio” se le ocurre y es ahí un ejemplo de cómo López también ha incumplido con esa parte del juramento que hizo.

También en el aumento irracional del salario mínimo tenemos otro ejemplo de cómo López Obrador en lugar de buscar la prosperidad del país, la obstruye y esto se debe a que un aumento del salario no basado en las leyes de la economía provoca por una parte más inflación, ya que de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda si hay más dinero circulando los precios de las cosas tienden a aumentar y por la otra las entidades comerciales al aumentar sus costos laborales, necesariamente le trasladan dicho aumento al consumidor final; mientras que algo similar ocurre con las tan rimbombantes recuperaciones de impuestos que han sido anunciadas, ya que esas erogaciones también se trasladan al costo final del bien o servicio que se vende.

Siendo estos unos ejemplos que ilustran como la administración de López Obrador hasta este momento también está fallando en el aspecto económico y con ello incumpliendo con el juramento que hizo al iniciar su gestión como presidente de la república.

Ahora en lo que toca al último elemento de la protesta rendida en términos del artículo 87 de la constitución y que consiste en

4) Si no lo hiciere así, que la Nación me lo demande: en este caso la situación cambia, ya que el juramentado deja de ser el sujeto activo del juramento, ya que para el caso de que incumpla con lo que se ha comprometido, se sujeta a que los gobernados se lo reclamen, con lo cual la acción de hacer el reclamo pasa a los gobernados en su conjunto.

Y ese reclamo se puede manifestar de muchas maneras como lo son a través de escritos, de manifestaciones en la vía pública, de controversias judiciales, pero principalmente se manifiesta a través del voto, ya que mientras todos los demás tipos de reclamos son aislados y con fines específicos, la jornada electoral es universal y convoca a todos los ciudadanos quienes a través de su voto manifiestan si están o no de acuerdo con la manera en que marcha el país.

En este caso el pronóstico es reservado en cuanto a si a pesar de las evidencias tan claras del incumplimiento de los deberes constitucionales por parte del presidente, va a existir en los próximos comicios un reclamo en  su contra, ya que históricamente el electorado mexicano, por contradictorio que parezca, ha sido más estricto con los gobiernos que se apegan más a la ley y a la democracia mientras que ha sido más tolerante e incluso obsequioso con quienes se apartan de la ley y la constitución.

Sin embargo, también existe la posibilidad de que el electorado aprecie la estabilidad democrática que en el último cuarto de siglo se ha venido dando en el país y decida demandar al presidente que se ciña a la constitución y las leyes que de ella emanen y que respete en sus términos la protesta de ley que rindió al tomar posesión del cargo.

En pocos días sabremos qué tanto le importa a la Nación que el presidente cumpla o no con su juramento.

felfebas@gmail.com

 

 

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