martes, octubre 20, 2026
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¿Están escuchando en Palacio?

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Imagen de protestas juveniles en las calles de Francia y México
Jóvenes manifestantes exigen cambios en educación y economía

Estrictamente Personal.- Por Raymundo Riva Palacio

En un solo fin de semana, el pasado, hubo movilizaciones, protestas y violencias en decenas de ciudades francesas, incluidas las cinco principales del país. Entre 550 y 800 mil personas se fueron a las calles y los choques con la policía fueron tan severos –casi mil resultaron lesionados–, que sólo el sábado detuvieron a dos mil 400 personas. Más de tres mil comercios resultaron vandalizados, un centenar de vehículos quedaron destrozados. Un manifestante murió de un infarto en París y un joven de 17 años perdió una mano en los suburbios por una granada policial. Ayer se estableció un toque de queda nocturno en la Plaza de la República y la zona de Les Halles, donde se encuentra el centro cultural Georges Pompidou, mientras el gobierno de Emmanuel Macron se tambalea.

El contagio del octubre francés se extendió a ocho países. La protesta en Francia comenzó hace casi dos meses y medio en un liceo en los suburbios de París por las condiciones en las escuelas, de saturación y mantenimiento, que galvanizaron la inconformidad de múltiples sectores de la sociedad. Los jóvenes de secundaria, preparatoria y universitarios fueron el pretexto de una rebelión callejera.

Los primeros en seguirlos fueron los belgas, que protestaron contra la calidad en la educación y los recortes presupuestales. En Austria salieron a las calles por los recortes presupuestales. En Grecia y Argentina por el financiamiento educativo. Italia, por la educación, los servicios públicos y el costo de la vida. En Alemania por la educación, el gasto público y el rearme. En España y Portugal por el alto costo de la vida, y la vivienda que ha detonado los alquileres. Y en Albania, contra la corrupción y decisiones del gobierno.

La síntesis de la inconformidad se centra en tres puntos: la crisis de las expectativas juveniles; las presiones económicas, y la desconfianza en los gobiernos. El sábado, Federico Rampini argumentó en la sección editorial del influyente diario milanés Corriere della Sera que se vive una forma de protesta generacional que atraviesa países con sistemas políticos y económicos diferentes, sin ideología ni objetivos similares, pero que expresan la pérdida de confianza en que ni con estudio, trabajo y esfuerzo, garantizarán que tendrán una vida mejor a la de sus padres.

Rampini comienza con la revuelta en Estados Unidos, donde las movilizaciones contra la guerra en Gaza evolucionaron en movimientos que cuestionaron la desigualdad, el costo de la vivienda y las condiciones de vida, los fenómenos que podrían costarle al presidente Donald Trump el control en el Capitolio en las elecciones intermedias en 25 días, identificando al antisistémico alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, como el epítome de la nueva politización de la juventud. Plantea ahí, en China, India y Europa, que hay una ruptura del pacto entre generaciones, recordando que las anteriores pudieron confiar en una relación estable entre educación, empleo y progreso social.

Francia, posiblemente el país más estatista de Europa, está inmerso en una crisis con compromisos muy altos –pensiones y costos sociales–, dificultades fiscales crecientes –su gasto público representa 57.2% del PIB, mientras sus ingresos equivalen a 52.1%–, con una deuda de 115% de su PIB. Fue un Estado que atendió a su población con políticas públicas de coyuntura: más gasto social, y pensiones a los 65 años –se ha reducido a 62–, diseñadas para darle espacio a los jóvenes que recién entraban al mercado laboral.

La realizó el presidente François Mitterrand en los 80, cuando la expectativa de vida estaba entre 70 y 78 años; hoy está entre 85 y 86. Ya llegó el momento donde el dinero no alcanza y esa gran vocación social está en crisis. Macron quiso modificar la edad para pensionarse, pero los sindicatos lo impidieron. Esta falta de capacidad de negociación política es otra de las razones y debilidades expuestas por Rampini en su gran artículo sobre la rebelión de los jóvenes.

El debilitamiento de la legitimidad del gobierno ha favorecido a la polarización. Macron acusó al líder de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, de ser el causante de las protestas, pero parece ser que la acción la detonó la creencia de que la extrema derecha, que encabeza Marine Le Pen, ganará las elecciones presidenciales el próximo año. El partido de Le Pen tiene 35% de preferencia del electorado, mientras que el de Mélenchon está en 16.6%. El partido de Macron tiene 10% de preferencia, y con sus coaligados no supera 17%.

Lo que sucede en Francia y en el mundo tiene grandes analogías con los movimientos estudiantiles y sociales en 1968, que en realidad comenzaron un año antes en Alemania, Estados Unidos y la extinta Checoslovaquia. Fue otra rebelión de los jóvenes, los baby boomers, contra el sistema imperante, que comenzó en las escuelas y terminó con demandas concretas por las libertades, problematizando la crisis de legalidad política, económica y social. En aquel entonces fue una protesta contra los autoritarismos de los gobiernos, que renacen en un rechazo a los diferentes modelos económicos vigentes porque, como entonces, no resuelven sus temores e incertidumbres.

Lo que sucede en el mundo sucede también en México. El gasto educativo representa 3.4% del PIB, por abajo del mínimo ideal de 4%. Siguen inyectando recursos a programas sociales, sin tener crecimiento para sostenerlo y gastos onerosos, en estos momentos coyunturales, como los megaproyectos que heredó el expresidente Andrés Manuel López Obrador. La deuda sigue avanzando y los presupuestos deshidratándose. La presidenta Claudia Sheinbaum parece vivir en una isla, porque sigue metiendo presión al sistema que, como se ha visto con las protestas en las calles del país por múltiples inconformidades, está crujiendo.

El contagio entre los jóvenes por la educación no ha llegado a plasmarse como en el resto del mundo, aunque vale la pena recordar que en 1968 México fue el último de los países con revuelta estudiantil. Hay una rebelión de batas blancas, como en 1965, y los recortes en educación pueden ser el catalizador como en Europa. Hay negociaciones salariales en la UNAM, que son el referente para negociaciones en el país, y deben estar atentos en cuánto quedará el aumento a los trabajadores del Seguro Social.

El gobierno mexicano también ha perdido legitimidad y fuerza, pese a tener un Congreso controlado. La corrupción está carcomiendo a Morena y no quiere ni puede detenerla. La pregunta que sirve de título a esta columna, ¿Están escuchando en Palacio?, sí tiene respuesta. No. No están escuchando.

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