jueves, agosto 27, 2026
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La guerra de las patadas (la conspiración)

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Tres confederaciones, la UEFA (europea), la Concacaf (Norteamérica, México, Centroamérica y el Caribe), y la AFC (asiática), están atacando a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, sistemáticamente y movilizando refuerzos.
Tres confederaciones, la UEFA (europea), la Concacaf (Norteamérica, México, Centroamérica y el Caribe), y la AFC (asiática), están atacando a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, sistemáticamente y movilizando refuerzos.

Estrictamente Personal.- Por Raymundo Riva Palacio

Desde que terminó el Mundial de Futbol, la vida de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se volvió una pesadilla. Un error, querer vender el 20% de la FIFA a un fondo de inversión privado sin decirle a nadie, detonó una guerra para destituirlo. Tres confederaciones, la UEFA (europea), la Concacaf (Norteamérica, México, Centroamérica y el Caribe), y la AFC (asiática), están atacándolo sistemáticamente y movilizando refuerzos. Los últimos, un grupo de futbolistas estrella, leyendas y actuales, que pidieron su relevo porque “suficiente es suficiente”.

Las críticas generalizadas y su impopularidad tienen que ver con la forma como ha llevado el futbol como una corporación de capitalismo salvaje. Pero en el fondo, es una lucha de poder por el control del balón en el mundo, y de lo que resulte, el futbol no volverá a ser lo que conocemos. Detrás de todo hay un choque de escuelas de pensamiento: la de Infantino, que quiere abrir el futbol para aumentar el acceso a naciones pequeñas y pobres que en el mediano plazo suban su calidad, eleven el espectáculo y los ingresos y la de la UEFA, que quiere mantener el statu quo y conservar su relevancia y poder en el mundo del futbol.

La historia de esta guerra de las patadas está llena de intrigas y traiciones, que tiene rota a la FIFA, y ha llevado al futbol de pantalones largos a una crisis. El conflicto estalló por la firma del acuerdo con un fondo de inversión dirigido por el hermano de Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, para que comercializara los derechos del mundial, triplicando los ingresos de las seis confederaciones 300% en 12 años.

Infantino, sin embargo, no informó a las 211 federaciones, sus patrones, ni a su equipo, que se enteró por el Financial Times, que publicó el acuerdo y desencadenó todo. Impactado por lo que había provocado, en aislamiento, descubrió que el presidente de la Concacaf, el canadiense Victor Montagliani, su amigo, lo había traicionado, porque le prometió la UEFA que sería su remplazo. Esperaban que la embestida provocara su caída este año, pero la estrategia colapsó cuando Montagliani se topó con el rechazo del principal equipo de la Concacaf: México.

La Federación Mexicana de Futbol, en una acción polémica y fuertemente criticada, se deslindó de la Concacaf, y respaldó el llamado que había hecho Infantino para defender la institucionalidad y gobernanza de la FIFA, con lo cual, deliberada o inopinadamente, frenó el golpe de Estado expedito.

Montagliani no podría entregar un bloque compacto en la votación contra Infantino. Al contrario, le abrió un boquete. Sin México, la Concacaf no tendría los ingresos que tiene. México aporta el 40% del PIB nominal de la confederación, 5% superior a lo que aporta Estados Unidos. Pero si se excluyera lo que genera el Tri en el mercado estadounidense, la participación de ese país caería, estiman, al 5%, y la de México subiría a 70%. Tras México, cuatro países del Caribe, miembros de la Concacaf, expresaron su apoyo a Infantino.

La crisis que detonó la opacidad de Infantino –que tuvo que resolver los problemas y pérdida de credibilidad en su equipo compacto durante una reunión de emergencia en Marruecos–, no fue el principio del golpe en su contra. Comenzó probablemente con su reforma al Mundial de Clubes el año pasado, cuando elevó el número de equipos participantes de siete (los campeones de las confederaciones y el del país anfitrión) a 32. Deportiva y económicamente fue un éxito. El Chelsea recibió como campeón más dinero que lo que le dio la UEFA al París Saint-Germain cuando ganó la Champions.

El Mundial de Clubes se convirtió en una amenaza para la UEFA. Contra lo que se esperaba, tuvo un promedio de asistencia en los estadios de 40 mil personas de 168 países, que es la media que solo tiene la Premier League de Inglaterra, y vendió los derechos de televisión a DAZN, con lo que la audiencia global llegó a dos mil millones de personas. En términos de valor, dijo Infantino en vísperas de la final en Nueva York, se generaron 33 millones de dólares por partido, que fue repartido entre los clubes. La respuesta de la UEFA y la Concacaf fue una Liga de Naciones conjunta, para 2028.

La segunda decisión crucial de Infantino fue ampliar el número de equipos en el Mundial de este año, al subir la competencia de 32 países a 48, que permitieron el acceso a cuatro equipos que nunca habían podido llegar a una copa del mundo, como Cabo Verde, que dio un gran espectáculo y voló la imaginación de la afición global. El incremento de equipos elevó los ingresos por derechos de televisión, y permitió crecer 100% los recursos de la FIFA, de 7 mil millones de dólares, antes del Mundial, a 14 mil millones al terminar.

Fue el torneo más exitoso en sus 96 años de existencia, y su reelección en marzo parecía de trámite. Al terminar la copa, tenía más de 205 cartas de federaciones felicitándolo y expresándole su apoyo para la reelección. Pero la UEFA, montándose en las revelaciones de la prensa inglesa, le ponchó el futuro y le puso minas a su reelección como el jerarca de la FIFA. Toda una maquinaria para derrocarlo estaba, y está, en marcha.

El comunicado de la FMF detuvo el tsunami contra Infantino. De las potencias futbolísticas europeas, solo Alemania y el Reino Unido se pronunciaron. España, una de las sedes del Mundial de 2030, no, pero Marruecos, que también será sede y está construyendo el estadio más moderno y grande porque quiere la final, dijo que si España rechazaba ser anfitrión, podría organizar toda la Copa. En la tensión política en la que se encuentran esas dos naciones, se ve difícil que la federación española se sume al golpe de Estado.

La US Soccer respaldó a Infantino contra la posición de Trump, porque su presidenta, Cindy Parlow Cone, es aliada de Montagliani. La AFC, la confederación asiática, respaldó a Infantino, pero Qatar cuestionó a su presidente, el bareiní Salman bin Ibrahim Al Khalifa, por haberlo hecho sin consultar. La FIFA está en ebullición y el choque es realmente entre europeos que piensan diferente sobre el futuro del futbol, que se juega una partida que puede resultar la más costosa de su historia.

Mañana: La guerra de las patadas (la matemática).

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