‘Men in kilts’, el podcast que acabó convertido en un viaje por Escocia en falda y bebiendo whisky

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Sam Heughan y Graham McTavish, actores de 'Outlander', publican un libro y estrenan una docuserie en los que recorren la historia y el folclore escocés.

Escocia., 9 May-21 (Agencia).- ¿Cuál es el atractivo de un hombre con falda? «La idea de que podría empotrarte contra una pared en cualquier momento». Esta respuesta, que la escritora Diana Gabaldon cuenta como parte de una divertida anécdota en el prólogo de Tierra de clanes (Principal de los Libros), puede ser también una de las claves del fenómeno fan detrás de Outlander. La exitosa serie basada en sus novelas, es también el origen de Men in Kilts, la miniserie documental que estos días aterriza en la misma plataforma.

Detrás de todo esto -del libro, de la mini-serie y del éxito de Outlander– están Sam Heughan y Graham McTavish, actores escoceses que han emprendido «una aventura intensa impulsada por whisky, adrenalina y cafeína» a bordo de una autocaravana en busca de la esencia de las Tierras Altas.

Lo que en principio iba a ser un podcast, con ambos charlando en un pub sobre el pasado y el folclore del país, ha terminado convertido en un intenso road-trip cuya gracia reside en el constante toma y daca entre Heughan y McTavish, que podrían ganarse la vida como dúo cómico si su carrera interpretativa se va al traste.

Las puyas a costa de las debilidades del otro y la muy masculina camaradería entre ambos, engrasada por generosas dosis de whisky, son los mimbres sobre los que se asienta esta antológica travesía por el paisaje y la historia de Escocia.

Por la pantalla y las páginas del libro desfilan algunos jefes de los seis clanes que todavía siguen a la gresca, músicos, cocineros, historiadores, deportistas y maestros destiladores, pero quizá uno de los aspectos más interesantes del proyecto, sobre todo para los fans de Outlander, es el trasfondo biográfico que los actores encargados de dar vida a Jamie Fraser y Dougal MacKenzie van dejando caer a lo largo de Tierra de clanes.

El caso de Sam Heughan es de lo más singular: llamado Sam en honor al Samsagaz Gamyi de El señor de los anillos, se crio en una comuna jipi inspirada por los personajes de Tolkien junto a las ruinas de un castillo del siglo XIII. Tras mudarse a Edimburgo e iniciar sus estudios teatrales, su carrera como actor no acababa de despegar.

«Durante años, acepté múltiples trabajos para sobrevivir: repartir sándwiches en bicicleta, vender perfumes en Harrods y diferentes tareas en bares y restaurantes de Londres», revela en el libro. Guapo como él solo -«casi hasta el punto de dar asco», según McTavish- su atractivo no parecía bastar para ganarse la vida con el cine y la televisión.

Después de interpretar a Batman en un espectáculo itinerante de DC Comics y Universal, Heughan se pasó tres meses haciendo audiciones en Los Ángeles. No consiguió ningún papel y volvió a Reino Unido con los bolsillos vacíos: «Tenía 34 tacos y me vi obligado a solicitar el subsidio de desempleo para pagar el alquiler», confiesa.

De pronto, le llegó la oportunidad de su vida: ser el protagonista de la adaptación televisiva de las novelas de Diana Gabaldon, un papel que lo ha convertido en una celebridad internacional y en un actor muy cotizado, con dos películas pendientes de estreno en España, la superproducción británica SAS: Red Notice y To Olivia, biopic sobre Roald Dahl en el que da vida nada menos que a Paul Newman.

Por su parte, Graham McTavish es un actor teatral de pies a cabeza, que recuerda su primer Macbeth como si fuera ayer y que, tras décadas como secundario en series y películas, dio un paso decisivo al convertirse en Dwalin en la trilogía de El Hobbit y meterse en la piel del Santo de los Asesinos en Preacher.

Aquí, con su característico sentido del humor, es el encargado de desvelar los detalles de la sangrienta batalla de Culloden, donde la victoria aplastante de los británicos impuso el que pudo ser el final de la cultura de las Tierras Altas, y de contar jugosas anécdotas sobre la brutalidad que se gastaban los miembros de los clanes. «La mayoría de los jefes de los clanes eran elegidos y, si no daban la talla, podían destituirlos», cuenta en un pasaje del libro.

«A uno de ellos lo destituyeron porque, mientras robaban ganado a un clan vecino en mitad de un invierno gélido, cometió la temeridad de hacerse una almohada con hielo para dormir. El resto de los muchachos se mostraron tan horrorizados y asqueados por esta debilidad que simplemente se deshicieron de él. ‘¿Has visto, Willie? ¡Una almohada de hielo! Probablemente también quiera un osito de peluche y que lo arropemos. ¡Córtale el gaznate!'».

Si en Men in Kilts lo que destaca es el contraste y la competitividad entre ambos, el joven deportista en busca de aventuras y el veterano cascarrabias de vuelta de todo, en Tierra de clanes se dibuja un perfil más completo de su amistad y de la propia trastienda de la producción televisiva.

Son dos maneras complementarias de asomarse a la belleza y majestuosidad del paisaje y las tradiciones de las Tierras Altas, donde «las capas de sangre, guerras, romances, mitos y pasiones son como las rocas de las propias montañas, de gran tamaño, antiguas y, en cierta manera, abrumadoras».

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