Contraseñas.- Por Miguel Valera
+ Periodismo, amor por la verdad, la memoria y la humanidad: Angélica Cristiani.
+ La joven comunicadora recibió el Premio Estatal de Comunicación ACOVER 2026.
+ “Mientras nos quede voz que nunca nos falte el valor de usarla”, dice la joven periodista.
+ “Seguiré intentando convertir la esperanza en palabras”, añade.
Tácita Muta es la diosa romana del silencio. Era una mujer inquieta, entrometida y que hablaba mucho. Un día, al involucrarse en las aventuras románticas de Júpiter, el soberano del Olimpo le cortó la lengua y la mandó al inframundo. Al conocer esta leyenda uno entiende por qué la periodista Angélica Cristiani Mantilla eligió ese nombre de “La Lengua de Tácita Muta” para su espacio de opinión.
Joven egresada de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana, su voz clara y crítica, se ha convertido en una bocanada de aire fresco en el periodismo veracruzano, tan atacado y vilipendiado. Angélica Cristiani Mantilla recibió hace unos días el Premio Estatal de Comunicación ACOVER 2026 y me parece muy relevante replicar su voz.
“Hoy recibo este reconocimiento con humildad, —dijo— porque sé que los premios pasan, los aplausos se apagan, y las fotografías envejecen, pero las historias permanecen; permanecen en la memoria de quien fue escuchado, en la conciencia de quien despertó, y en la esperanza de quien descubrió que su voz también tenía valor”.
“Quizá ahí —añade luego de un respiro profundo— reside el verdadero sentido de nuestro trabajo. No en los reflectores sino en esos momentos invisibles en los que una historia logra cambiar algo dentro de alguien porque mientras exista una sola verdad esperando ser contada y una sola persona esperando ser escuchada seguiremos teniendo una razón para estar aquí contando, escuchando, nombrando, resistiendo, porque el periodismo es quizá una de las formas más hermosas de amar: amor por la verdad, amor por la memoria, amor por la humanidad y mientras nos quede voz que nunca nos falte el valor de usarla”.
Sus palabras me hicieron recordar una historia que me contó Javier Darío Restrepo hace varios años cuando en la casa del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) en la Avenida Boyacá 169D-75 de Bogotá, Colombia, acudí a un curso de periodismo junto con otros compañeros del Continente. Se trataba de la vida de Zlatko Dizdarevic, director de Liberación, un periódico de Sarajevo.
“Zlatko Dizdarevic —nos dijo el colombiano— supo que su periódico era más necesario que el pan el día en que los guerreros lo incendiaron. Liberación era el único periódico que se publicaba en Sarajevo, y a pesar de la destrucción total de sus equipos e instalaciones, al día siguiente del incendio circuló como de costumbre y aunque los ejemplares se vendieron al doble de su precio, la edición se agotó en manos de lectores que apenas si tenían el dinero suficiente para comprar pan”.
“¿Y cómo se explica que un periódico pueda llegar a ser más necesario que el pan? le pregunté a Zlatko”, nos dijo el autor de “El zumbido y el moscardón”. Y añadió: “El me respondió con la misma seguridad con que se formulan los axiomas o las verdades rubricadas por la experiencia: ‘porque en las crisis la gente puede vivir sin pan, pero no sin esperanza’”. Su frase nos taladró en el pensamiento esa tarde bogotana y me vino a la memoria al escuchar a la periodista Angélica Cristiani Mantilla.
El periodismo de Angélica, definido por Francisco Pérez Sosa como “una mirada que no se conforma con narrar los hechos, sino que los interroga” representa eso en la sociedad veracruzana, junto al de cientos de compañeras y compañeros que sudan la camiseta todos los días para transmitir la realidad sin medias tintas.
“El periodismo me enseñó muy pronto que la vida no reparte reconocimientos, añadió Cristiani, la vida reparte preguntas, cicatrices, encuentros, e historias y las historias casi nunca ocurren bajo los reflectores, ocurren donde una madre espera una llamada que no llega, donde una comunidad resiste el olvido, donde alguien necesita que otra persona le diga, te veo”.
“Por eso hoy no quiero hablar de premios, quiero hablar de gratitud. Llegué al periodismo con los bolsillos llenos de sueños y la insolencia luminosa de la juventud. Estaba convencida de que las palabras podían cambiar las cosas rotas de este mundo, que una historia podía mover conciencias, que una pregunta podía desafiar al poder, que una verdad dicha tiempo podía transformar una vida, pero después llegó la realidad”.
Convencida, la joven periodista dijo que esta profesión “no consiste solamente en escribir, consiste en escuchar, escuchar el temblor de una voz, la dignidad de una lucha, la esperanza que se niega a morir porque cada historia que nos confían es un acto de fe, alguien nos entrega un pedazo de su vida y espera que sepamos hacer algo digno con él y esa confianza es quizá el mayor privilegio que puede recibir un periodista”.
Muchas felicidades a Angélica Cristiani Mantilla y a su orgulloso padre, el gran comunicador Miguel Ángel Cristiani, director de Bitácoras políticas. Mi reconocimiento para ambos. Tan tan.
@MValeraH



