viernes, agosto 28, 2026
Inicio Noticias Opinión Responsabilidad eterna

Responsabilidad eterna

0
15
Cuadros y mandos morenistas desafiaron a la mandataria que sorteó, pero no resolvió el embate. Es preciso dar los pasos subsecuentes porque “la responsabilidad es eterna”.
Cuadros y mandos morenistas desafiaron a la mandataria que sorteó, pero no resolvió el embate. Es preciso dar los pasos subsecuentes porque “la responsabilidad es eterna”.

Sobreaviso.- Por René Delgado

La misma presidenta Claudia Sheinbaum puso la vara: “los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la nación es eterna”.

Si la mandataria insta a los servidores públicos a entender eso es porque ella, de seguro, lo comprende. Por lo mismo, sabe cuán importante es dar los pasos necesarios ante quienes, por intereses, ambiciones o miedos personales, lastiman la autoridad y la investidura presidencial, justo cuando el poderoso vecino del norte busca debilitarlas para imponer sus designios.

En los últimos quince días, la jefa del Ejecutivo ha recibido agravios de cuadros no opositores, sino supuestamente afines. Sin consultarla y ni siquiera prevenirla, un exdirigente, un gobernador y un senador morenistas emprendieron acciones, conscientes del probable daño que provocarían a la figura presidencial, así como del agravante que añadirían a la ya de por sí complicada –por no decir, peligrosa– relación México-Estados Unidos. Acciones temerarias en las cuales, por lo demás, expresaron de manera abierta o encubierta respeto por el expresidente López Obrador, pero no por ella.

Por eso, el tweet de la presidenta Sheinbaum del sábado pasado es significativo: califica de pasajero el cargo y de eterna la responsabilidad. Ella lo dice y a ella también aplica. Ahí radica la relevancia de actuar a fondo; de resolver los desafíos, no sólo de sortearlos; de ir hasta donde hay que llegar; de asumir una actitud proactiva, no reactiva; y de poner en claro una cuestión fundamental: en Palacio Nacional sólo cabe una autoridad y ahí está el bastón… y el mando.

La urgencia de esa actuación corresponde no a la política ficción, sino a la política real.

Sin especular si Andrés Manuel López Obrador es un maestro titiritero capaz de mover marionetas invisibilizando los hilos del encordaje, lo evidente es obvio. Tal es el poder de Morena que ahora reviste un carácter multipolar y, sin la presencia manifiesta del liderazgo que aglutinaba y disciplinaba a los integrantes de esa fuerza, por múltiples motivos, incluyendo presuntos delitos, un buen número de mandos y cuadros se siente en condición de actuar por la libre, sin reconocer en la titular de la Presidencia de la República a la máxima autoridad política.

Esa circunstancia algo tiene de paradójica. El cuatroteísmo restauró el presidencialismo exacerbado hacia afuera, pero no hacia adentro de su esfera de poder y, a sabiendas que la sombra y la influencia de aquel liderazgo no bastarían para conducir al partido, Morena no se ocupó de establecer y asegurar los mecanismos de gobierno y entendimiento a su interior, como tampoco la mandataria se encargó de definir sin ambigüedad su relación con el movimiento. Resultado: la subcultura de los cacicazgos y los cachorros resurgió con nuevos bríos.

Quizá, por eso no sólo Andrés, el hijo del exmandatario, el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y el senador Enrique Inzunza, sino también otros dirigentes, gobernadores, legisladores y precandidatos actúan al libre arbitrio, importándoles poco desafiar a la jefa del Ejecutivo y distorsionar –en más de un caso, hasta la corrupción– los postulados del proyecto. Su lógica es simple: si no hay consecuencias políticas ni penales para quien se brinca las trancas, más vale saltarlas.

En el peor de los casos y por lo visto, aquellos que rebasan los límites sólo son sujetos de algún señalamiento, crítica o exhorto presidencial. Máximo recibirán un tirón de orejas, pero no más.

Por ello, la presidenta Sheinbaum está impelida, al menos en el caso de Rubén Rocha Moya y del senador Enrique Inzunza, a dar los pasos necesarios para reivindicar su autoridad ante ellos y ante aquellos que les queda a la medida el tweet del sábado pasado. Un mensaje que, además de la frase ya citada, remata así: “Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y cualquier interés particular, está el pueblo y la nación.” Y en esa conclusión cabe un largo listado, incluido Andrés López Beltrán.

Esos pasos exigen activar mecanismos y resortes de poder a fin de no reducir el tweet a un sermón digital sin efecto, consolidar el mando y evitar que el motín de los miedosos, los corruptos, los socios del crimen y los ambiciosos de Morena debiliten a la mandataria y fortalezcan a su homólogo y vecino, Donald Trump y su parvada de halcones. Estos, de seguro, se regocijan del enredo político que generan en México sus exigencias. Es mucho lo que está en juego.

En ese marco, asombra el silencio de la Fiscalía General de la República y la Comisión de Honor y Justicia de Morena. Mientras que la presidenta dice que la investigación de Rubén Rocha Moya está abierta y continúa, este último asegura que la Fiscalía ya informó públicamente que “no existen los mínimos elementos de prueba que sustenten nuestra participación en conducta penal alguna”. ¿Quién miente? ¿Nada va a aclarar la Fiscalía? A su vez, la Comisión de Honor del partido, donde recala la forma en que la dirigencia resbala el asunto de Rocha e Inzunza, no hace nada. Por lo visto, esa instancia sólo actúa ante los morenistas que participan en un “reality show”, pero no en un espectáculo real. De ornato, no de honor parece esa Comisión.

Es menester dar esos pasos, pensando en serio y no sólo en la próxima elección.

¿Tiene un costo decidir y dar esos pasos? Desde luego, y es elevado. Sin embargo, es inferior al que supone convertirse, por omisión, en cómplice de la impunidad y la pusilanimidad e inferior al que supone encarar al megalómano del norte con la autoridad disminuida y debilitada.

La mandataria está ante un dilema y urge que tome una decisión y proceda sin titubeos porque lleva ya casi dos de los seis años en el cargo… “y la responsabilidad es eterna”.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí