
+++ Derrame, silencios y la distancia del poder.
Filias y fobias… del Poder.- Por Miguel Ángel Rueda-Ruiz
Víctor Rodríguez Padilla, director de Pemex, pone en la guillotina pública a tres fantasmas, presuntos implicados por las “gotas” de hidrocarburo aparecidas en el Golfo de México.
El chapopote llegó a las costas y muestra, con el anuncio de hoy, que sigue operando un sistema que administra riesgos. Hasta que estos se convierten en crisis. Pero que no ha sido transformado.
Petróleos Mexicanos anunció que tres funcionarios han sido separados de sus cargos. La prevención, el control marino y la respuesta a derrames quedaron bajo sospecha. Pero los nombres, no. Esos siguen ocultos.
Aunque en los corrillos ya se nombra al que sería de mayor rango, Luis Betancourt, vinculado a la Subdirección de Seguridad, Salud en el Trabajo y Protección Ambiental.
No hay confirmación oficial, pero sí una coincidencia inquietante entre el perfil y la estructura que hoy se intenta contener.
Pemex calla los nombres por que, se presume, están bajo investigación y son presuntos inocentes. El sistema que no ha sido desterrado calla los nombres. Y serían muchos más.
Lo visto en el Golfo de México no fue un accidente aislado. La separación de tres, hasta ahora fantasmas, forman parte de una cadena completa que falló.
Desde la prevención hasta la contención, pasando por el monitoreo. Los tres niveles clave de la operación fueron removidos.
Y de acuerdo con expertos consultados, eso no ocurre por un error menor. Ocurre cuando alguien no reportó, cuando alguien minimizó, cuando alguien decidió esperar.
En paralelo al sistema interno de Pemex, el poder político ha optado por la distancia. Por obvios, estratégicas y hasta de Estado, razones.
La gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, con profundo conocimiento del sector energético, ha mantenido un perfil bajo frente al impacto en las costas veracruzanas.
La presidenta Claudia Sheinbaum, por su parte, ha encapsulado el tema en el ámbito técnico, evitando que escale a crisis política.
La lógica es clara. Contener el daño sin amplificar el costo en múltiples frentes, locales y globales.
Pero lejos de las oficinas de Pemex, del Palacio Nacional y de Xalapa, la realidad es otra.
En comunidades costeras de Veracruz, Tabasco y Campeche, miles de familias enfrentan la caída de sus ingresos. La pesca no se reactiva, el turismo se retrae y la incertidumbre se instaló.
Ahí, los apoyos institucionales del Bienestar han resultado, en muchos casos, pírricos. Insuficientes frente a un daño ambiental que no se evapora con programas sociales ni con discursos de contención.
El chapopote, oro negro mexicano, embarró mares. costas y actividades productivas.
Y la respuesta fantasmagórica, y fantasmal, del director de Pemex también embarró la confianza.
El director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, mostró hoy que seguirá el manual. Cortar en mandos medios, evitar el escalamiento y administrar los tiempos.
Porque en política, el tiempo también limpia. Limpia titulares. Limpia responsabilidades. Limpia nombres.
Pero hay algo que no se limpia tan fácil.
El daño ambiental permanece. El impacto económico persiste. Y la pregunta sigue abierta:
¿fue un accidente… o una falla que alguien decidió no ver?
Si el nombre de Luis Betancourt se confirma, será apenas un rostro en una estructura más amplia. Y si no, será sustituido por otro.
Porque en Petróleos Mexicanos, como en el Poder Mexicano, los nombres cambian. Lo que permanece, es el sistema, ese que no se ha transformado.


