Desde a Janela.- Por Felipe de Jesús Fernández Basilio @FelipeFBasilio: Periodo de reflexión

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Felipe de Jesús Basilio, columnista.
Felipe de Jesús Basilio, columnista.

Como es bien sabido por todos ha concluido el periodo de las campañas electorales, periodo en el que los candidatos de las diversas fuerzas políticas visitaron casas, distribuyeron propaganda, fueron a debates e hicieron todo lo necesario para difundir sus ideas y también para atacar a los candidatos rivales.

Ahora la legislación electoral impone un periodo de silencio, llamado de reflexión, el cual abarca los tres días previos al ejercicio del sufragio por parte de los ciudadanos y aunque les confieso que nunca le he encontrado sentido a dicha disposición, ya que en la mayoría de los países democráticos no existe y los candidatos pueden hacer campaña incluso hasta en el día de la elección; sin embargo tal disposición existe y bien la podemos ocupar para como su nombre lo dice, reflexionar sobre lo que exactamente se va a elegir y también sobre el alcance real del voto y las estrategias de los partidos y coaliciones participantes en el proceso electoral.

Para empezar, tenemos que a nivel federal solamente se va a renovar la Cámara de Diputados, la cual se conforma por 500 legisladores, de los cuales 300 son uninominales o de distrito y 200 plurinominales o de lista designada por los partidos; en el caso de los primeros el candidato más votado en su distrito se convierte en legislador, mientras que los segundos se asignan de acuerdo a la votación que los partidos políticos obtienen en cada una de las cinco circunscripciones en los que se divide el país, eso de las circunscripciones es un barroquismo legal ya que sería más práctico y equitativo hacer una sola lista nacional.

Es importante considerar antes de votar para diputado federal que tanto la otra cámara que integra el poder legislativo, el Senado de la República, y el Ejecutivo quedan exactamente iguales que hace tres años ya que en esta ocasión no se renuevan, preciso que en este caso hace algunos se cometió un error legislativo al eliminar la renovación escalonada cada tres años del senado, pero el caso es que salvo la Cámara de Diputados todo sigue igual.

Lo cual significa que suceda lo que suceda en estas elecciones, el gobierno seguirá siendo gobierno y la oposición seguirá siendo oposición y por lo mismo la iniciativa política seguirá correspondiendo al primero y la reacción a la segunda y lo único que se va a elegir es si el gobierno mantendrá el dominio absoluto que tiene en San Lázaro o si en lugar de ello habrá más pluralidad.

De ahí que muchos candidatos a diputados opositores incurren en promesas incumplibles cuando presentan a sus votantes verdaderas agendas de gobierno al prometer restaurar programas y organismos que malamente destruyó el gobierno actual, ya que si hubieran sido un poco más honestos solamente hubieran prometido detener la destrucción de las instituciones que está orquestando el gobierno actual, lo cual es un objetivo alcanzable si la voluntad de los votantes se inclina de su lado.

Ahora bien, para el elector la disyuntiva está en decidir si quiere que el gobierno actual siga gobernando por medio de caprichos y simulando hacer cosas que ni de lejos hace o si prefiere que exista un contrapeso legislativo que haga que las políticas públicas e incluso la distribución de presupuestos, la cual es una prerrogativa exclusiva de los diputados, sean discutidas y requieran de consensos o negociaciones para aprobarse, lo cual daría como resultado el restablecimiento del equilibrio de poder al que en las últimas décadas hemos estado acostumbrados.

Para los que escojan la primera de las opciones la situación pinta sencilla, ya que les basta seleccionar al principal partido gobernante para hacer válida su decisión electoral; mientras que para los que escojan la segunda opción, la cosa es bastante más compleja, ya que para empezar se tiene que realizar una apuesta debido a que no hay certeza sobre si el receptor del voto en verdad va a actuar para frenar al gobierno y es que en casi todo el país hay dos opciones para demostrar las inconformidades en contra del régimen.

Por una parte, está una alianza formada por los tres partidos que en las últimas décadas dominaron la escena electoral en el país y por la otra está el Movimiento Ciudadano que, aunque es un partido más pequeño que los de la alianza mencionada apostó por ir sólo con la finalidad de buscar posicionar su marca ante el electorado.

Sin embargo, ninguna de esas dos opciones da una certeza respecto a que sean verdaderos opositores, ya que el talón de Aquiles de la alianza de los partidos tradicionales se encuentra en los candidatos que les aporta el PRI, los cuales en la mayoría de los casos son los candidatos de siempre y quienes ya estuvieron en el poder en una de las etapas más corruptas de ese partido, el llamado Nuevo PRI; siendo esa una situación por la que resulta poco confiable creer que ellos van a ser una verdadera fuerza opositora y menos aún en una época en la que el gobierno se encarga de neutralizar a sus opositores mediante la persecución penal y financiera.

Mientras que los candidatos de M.C. son una incógnita, ya que su fundador y “líder moral” proviene al igual que la mayoría de los políticos de este país del PRI clásico pero este partido también caracterizó por poner en muchos lugares como candidatos a personas que son nuevas, lo mismo han hecho el PAN y el PRD en donde encabezan su alianza, y en este caso la incógnita está en saber si verdaderamente van a ser opositores y por lo mismo votar por M.C. es lanzar una moneda al aire.

Mi recomendación para quien busque equilibrar las cosas es que apoye a los partidos tradicionales en los distritos en que presenten caras nuevas y en donde no, para eso está M.C.; esto sólo es una recomendación, ya que cada elector tendrá su forma de pensar y en este espacio solamente estamos analizando las diversas opciones que hay para votar.

De las elecciones locales en los estados en los que la hay para sus legislaturas aplican exactamente lo mismo criterios que ya comentamos y para en donde se elijan ejecutivos estatales y autoridades municipales, la forma de votar es más sencilla, ya que cada quien votará por el candidato que por la razón que sea le resulte más atractivo, debido a que ahí sí opera el escoger el programa de gobierno y la persona que lo encabece.

Espero haber ayudado a lectores y electores indecisos con estas reflexiones acerca de las elecciones legislativas que están a punto de llevarse a cabo.

felfebas@gmail.com

Twitter: @FelipeFBasilio

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