
Filias y Fobias… del Poder.- Por Miguel Ángel Rueda-Ruíz
+++ Le puso el cascabel al gato
+++ Frío diagnóstico interno que rompe la narrativa oficial
Filias y Fobias… del Poder.- Por Miguel Ángel Rueda-Ruíz
Pocas cosas incomodan más que la verdad dicha sin filtros. Y eso —precisamente eso— fue lo que hizo el maestro Atanasio García Durán. Rompió el pacto no escrito del silencio y dijo en voz alta lo que muchos murmuran en corto.
Le puso el cascabel al gato porque su pecho no es bodega.
Porque cuando señala que al gobierno de Rocío Nahle García le falta visión, conocimiento del estado y hasta voluntad política, no sólo lanzó una crítica técnica.
Sacudió la narrativa oficial de continuidad y éxito.
Y lo hace desde dentro, desde la casa. No es menor.
Las declaraciones de Atanasio García Durán son el diagnóstico de un individuo con un sólido chasis.
Nació en un contexto de origen humilde vinculado al trabajo agrícola. Se formó como maestro normalista, bajo la tradición educativa rural impulsada por figuras como Rafael Ramírez. Desarrolló una carrera como docente y académico, con participación en la Universidad Veracruzana y en espacios de formación pedagógica y conferencias sobre educación.
Y ejerce el Pensamiento Crítico.
Ha ponderado la educación “individualista, de poder y exclusión”. Es defensor de una educación comunitaria, integral y social, con fuerte carga ideológica progresista.
Su formación no es tecnocrática, es pedagógica con orientación social, típica de la izquierda magisterial mexicana.
Al maestro Atanasio García Durán se le ubica dentro de la izquierda post-68 y cardenista, no en la izquierda institucional tradicional.
Fue diputado local en Veracruz e incluso presidente de la Mesa Directiva del Congreso.
Aunque su militancia original es perredista, su entorno político se alinea después con el proyecto de Movimiento Regeneración Nacional, en buena medida a través de su hijo, Cuitláhuac García Jiménez, uno de los exgobernadores de Veracruz más criticados por sus resultados.
Los antecedentes de Atanasio García Durán explican perfectamente su papel actual.
Su formación pedagógica crítica lo lleva a cuestionar modelos de gobierno.
Su trayectoria en la izquierda le da legitimidad para hacerlo desde dentro.
Su experiencia política le permite entender dónde le duele al sistema.
Por eso, cuando respondió a preguntas de algunos periodistas, Isabel Ortega principalmente, incomodó.
No es un improvisado. Es, en estricto sentido, un producto clásico de la izquierda mexicana que hoy está cuestionando la misma obra.
Cuando de su pecho, que no es bodega, salen expresiones como “falta de visión”, “no conoce Veracruz”, “fue un error” no está inventando un discurso nuevo.
Está verbalizando lo que ya circula en cuadros medios de Morena, en operadores regionales. Y en actores desplazados del poder
La de Atanasio García no es una opinión aislada. Es un eco.
Atanasio no es un actor aislado.
Es parte de una red histórica de formación política de izquierda que no se ha extinguido, sólo se ha desplazado.
Y ahí está el punto clave. No responde a cargos. No depende de nóminas. No necesita quedar bien.
Puede decir lo que otros no.
Y eso, en un sistema que vive de la disciplina interna, del escalafón y del noventa por ciento de la lealtad, es dinamita.
En Veracruz se equivocan quienes creen que lo de Atanasio García Durán fue un exabrupto.
No lo fue.
Fue una advertencia. Y como toda advertencia en Política, no iba dirigida al público, sino al Poder.
Cuando dijo que al gobierno de Rocío Nahle García le falta visión y conocimiento, no estaba opinando. estaba diagnosticando.
Pero sobre todo, estaba recordando algo que en Morena incomoda cada vez más, que el movimiento que nació cuestionando al Poder, hoy se parece demasiado a él.
Y eso, dicho por alguien de fuera, se desecha.
Dicho por alguien de dentro, se procesa.
EL HIJO, ENTRE LO FILIAL Y LA LEALTAD
La reacción del exgobernador Cuitláhuac García Jiménez ha sido, hasta ahora, más política que filial.
Sin confrontar abiertamente a su padre, ha optado por desmarcarse del conflicto y evitar engancharse en el debate público. Una postura que, en el fondo, confirma dos cosas.
Primero, que el señalamiento sí duele.
Segundo, que el tema escala más allá de lo familiar.
El silencio, en Política y en el Poder, rara vez es neutral. Es cálculo.
Y también memoria porque el cuestionamiento sobre “conocer Veracruz” inevitablemente rebota hacia su propio sexenio.
AHUED, APAGANDO EL INCENDIO
Quien sí salió de inmediato a contener el daño fue el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil.
Su postura fue clara, bajo el argumento de la libertad de expresión, minimiza las críticas y defiende a la superior jerárquica, incluso frente a la afirmación de que su designación fue “un error”.
Ahued no sólo protege a Nahle; protege la estabilidad del régimen. Porque en Veracruz, el secretario de Gobierno no es un funcionario más, es el dique político.
Y cuando el fuego viene de casa, el control de daños se vuelve prioridad. Sólo sigue el manual y hace su chamba.
LA OPOSICIÓN, GASOLINA AL INCENDIO
Del otro lado, el diputado priista Héctor Yunes Landa no dejó pasar la oportunidad.
Calificó las declaraciones como una especie de “declaración de guerra” y, fiel a su estilo, elevó el tono. No sólo respaldó la crítica, sino que la convirtió en munición contra Morena, recordando incluso el balance del sexenio anterior.
Para la oposición, Atanasio no es un crítico, es un testigo incómodo del propio sistema.
EL FONDO…
Lo que está en juego no es sólo una opinión. Es el relato del poder en Veracruz.
Atanasio García Durán puso sobre la mesa tres temas que incomodan al oficialismo:
La legitimidad política basada en el arraigo.
La capacidad real de gobierno más allá del discurso.
Y la decisión interna de Morena al haber impulsado a Nahle.
Y lo hizo desde una posición que no puede ser fácilmente desechada como “adversaria”.
Ahí está el punto.
EL CASCABEL Y EL GATO
En esta forma especial de Rocío Nahle de ejercer el Poder, todos escuchan el cascabel. Pocos se atreven a colocarlo.
Atanasio lo hizo.
Y ahora el gato, con todo su Poder, no puede fingir que no suena.
Porque cuando la crítica viene de fuera, se desacredita.
Pero cuando nace desde dentro, se vuelve síntoma.
Y en Veracruz, hoy, el síntoma es claro. La unidad no es tan sólida como se presume.
El debate que se negaba ya está en la plaza pública


