martes, junio 9, 2026
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Espronceda, la Unidad. Discurso, escenografía y grietas

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Así, el concepto se perfila como lema del cuatrienio, pero también como práctica política. Acuerdos, continuidades, tolerancias. Puentes tendidos, incluso, hacia inercias del pasado reciente.
Así, el concepto se perfila como lema del cuatrienio, pero también como práctica política. Acuerdos, continuidades, tolerancias. Puentes tendidos, incluso, hacia inercias del pasado reciente.

Filias y fobias… del Poder.- Por Miguel Ángel Rueda-Ruíz

La idea de la unidad marcó el mensaje central de Guillermo Reyes Espronceda durante el reporte público de los primeros cien días de la tercera administración municipal consecutiva en Minatitlán, bajo las siglas de Morena y sus aliados.

Pesó, ante todo, el discurso político. Antes que un desglose puntual de resultados por área, lo que predominó fue la narrativa.

El evento se montó con despliegue logístico de gran formato, más cercano a una toma de protesta o a un informe constitucional que a un ejercicio de corte evaluativo. Escenografía, producción y control de mensaje.

Ahí estuvieron todos: Cabildo, estructura de gobierno, aliados empresariales y representantes del “pueblo”. Una fotografía amplia. Aunque no necesariamente completa.

El equilibrio del acto transitó entre la presunta eficacia administrativa y el toque humano del DIF Municipal, presidido de manera honorífica por la hija del edil. Un matiz sensible en medio del músculo político.

En el estrado, ediles de Morena, PVEM, PT y MC respaldaron con su presencia el mensaje y el reporte videográfico. Pero una ausencia pesó más que muchas presencias, la silla vacía de una regidora priista.

Porque la unidad que se proclama también se mide por sus ausencias.

El insistente llamado de Reyes Espronceda chocó, además, con otro vacío significativo, el de sus recientes aliados electorales fácticos, la dirigencia de la Sección 10 del sindicato petrolero.

Ni rastro de Jorge Wade, “El Junior”, quien no escuchó en persona el exhorto de quien ha sido crítico de esa misma nomenclatura sindical.

Paradójico.

Ese grupo, dirigencia seccional sindical y propietarios del Frente Liberal Sindicalista, que durante décadas operó como poder real —político, económico y electoral— en Minatitlán, hoy es apenas un segmento más. Sin representación en Cabildo, pero todavía con peso específico. Y, evidentemente, uno de los destinatarios del llamado.

Mientras tanto, la unidad fue celebrada —con entusiasmo visible— por quienes ya forman parte de ella. Los que están en la nómina, en el presupuesto, en las sillas edilicias y en los espacios del organigrama.

Aplausos que confirman pertenencia.

Pero la silla vacía introduce una grieta. Una señal de que la unidad no es —ni será— monolítica, ni mucho menos incuestionable.

A la par, destacó la presencia de actores privados que fueron clave en la campaña. Conocidos empresarios que siguen incrementando su fortuna a partir del experimentado manejo en obra pública, así como hábiles concentradores de concesiones del transporte público que hoy conservan su parcela de poder municipal desde la estructura administrativa.

Unidad, también como reparto.

¿Unidad para qué y de qué tipo es a la que convocó el alcalde minatitleco?

No toda unidad suma, ni toda unidad construye.

¿Se convoca a una unidad monolítica, sin fisuras ni disenso?

¿A una unidad complaciente, donde se aplaude más de lo que se cuestiona?

¿A una unidad simulada, que se proclama en el discurso pero no se sostiene en la realidad?

¿O a una unidad con mando vertical, donde la línea baja y se acata?

También cabe la posibilidad de una unidad unidireccional, donde sólo una voz marca el rumbo.

Incluso una unidad maniquea, que divide entre leales y adversarios.

En un Minatitlán golpeado por el estancamiento económico —marcado por la decadencia de la Refinería Lázaro Cárdenas y por sectores productivos atrofiados—, la unidad que se requiere no es ornamental ni discursiva.

Es otra cosa.

Una unidad crítica, capaz de incluir sin someter.

Una unidad productiva, que reactive economía más allá de la inercia petrolera.

Una unidad plural, donde la discrepancia no sea vista como traición.

Porque sin dinamismo económico, la unidad corre el riesgo de convertirse en administración de la escasez. De lo poco. O casi nada.

Así, el concepto se perfila como lema del cuatrienio, pero también como práctica política. Acuerdos, continuidades, tolerancias. Puentes tendidos, incluso, hacia inercias del pasado reciente.

La unidad también se refleja —inevitablemente— en la nómina.

En ese contexto, la retórica del alcalde dejó tres líneas claras: una advertencia, un mantra y una meta.

La advertencia: el que se canse, que se baje.

El mantra: no somos iguales.

La meta: ser el mejor gobierno municipal de Veracruz y de México.

Pero después del mensaje, después de la escenografía, viene lo esencial.

Y después de los cien días, qué.

¿Dónde está el Plan Municipal de Desarrollo 2026–2029?

¿Cuál es su contenido?

Porque sin ruta clara, la unidad —cualquiera que sea— corre el riesgo de quedarse en eso:

palabra, consigna. Y aplauso.

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