Por Si Estaban Con El Pendiente.- Por Quetzalli Carolina Vázquez
Hay frases que terminan retratando a un gobierno entero; se expresan una vez y se convierten en forma de gobernar, en Veracruz, una de ellas es: «Porque yo soy la gobernadora» y no hace falta que Rocío Nahle la repita todos los días; sus decisiones hablan por ella.
Como ejemplo, su respuesta ante el nombramiento de Rachel Guadalupe Hernández Domínguez como titular del área de recursos humanos de la SEV, pese a existir una denuncia en Derechos Humanos por maltrato a su personal cuando dirigía el departamento de estadística de la Dirección General de Catastro.
Del caso circula ampliamente existe un video en redes sociales donde protagoniza una agresión física y verbal a una empleada a la que le exigía firmar su renuncia.
Aun con evidencias, la gobernadora desestimó el asunto al considerarlo un problema personal y sostuvo su nombramiento sin dudar, la defendió y dejó claro que permanecerá en el cargo porque ella la puso ahí.
«Yo la mandé de directora de Recursos Humanos a la SEV… y yo soy quien la mandé exactamente. Es muy capaz y se va a quedar ahí en Recursos Humanos», dijo ante el asombro de quienes conocen el caso en el que el mismo secretario de gobierno, Ricardo Ahued, tuvo que intervenir.
Por si quedara duda de que la opinión de los veracruzanos no le importa, Nahle respondió con una frase a los maestros de los 41 sindicatos que se manifestaron en contra del ingreso de Rachel Hernández a la SEV diciendo: «La administración es mi responsabilidad», y así dejó claro que solo ella decide en Veracruz.
El estilo de gobierno de Rocío Nahle, ya no sorprende; es frontal, autoritario y así lo ha evidenciado en varios casos haciendo una defensa férrea de sus protegidos porque lo importante es dejar claro quién manda.
Así la historia se repite con «Tato» Vega Yunes, que mientras recorre colonias, aparece en eventos, fortalece su imagen y realiza actividades con un claro contenido político rumbo a una candidatura de Morena, recibe el respaldo de Nahle que lo defendió y desestimó los señalamientos de actos anticipados de campaña.
Vega Yunes puede apoyar al movimiento (Morena), siempre que sea fuera del horario laboral; dijo Nahle, como si los ciudadanos fueran incapaces de distinguir entre un funcionario que cumple con su responsabilidad y otro que evidentemente trabaja en construir una candidatura.
Vega Yunes puede aspirar a un cargo; cualquiera tiene derecho a participar en política, pero pretender que nadie se dé cuenta de la realidad y querer convencer a Veracruz de que una campaña anticipada deja de ser campaña simplemente porque la gobernadora dice que no lo es, ofensivo.
Como si los casos de Rachel Hernández y Vega Yunes no fueran suficientes, la misma lógica volvió a aparecer cuando Rocío Nahle salió en defensa del coordinador estatal de IMSS-Bienestar, Roberto Ramos Alor.
Frente a las denuncias de padres de niños con cáncer por las deficiencias en la Torre Pediátrica y los problemas que persisten en hospitales públicos, Nahle no solo elogió el desempeño de Ramos Alor, sino que prácticamente lo deslindó de cualquier responsabilidad. «Hace un gran trabajo», afirmó, para después trasladar el peso de las fallas a los directores y administradores de cada hospital.
Y nuevamente dejó en claro que es ella la que decide porque, aunque se han evidenciado irregularidades en hospitales del estado, optó por construir un escudo político alrededor de Ramos Alor, de quienes muchos piden sea separado del cargo por su ineptitud.
En la entrevista donde fue cuestionada sobre Ramos Alor, Rocío Nahle, además de defenderlo, evidenció que cree que todo gira en torno a ella y pronunció frases como «yo arreglé la Torre», «yo construí un área para las familias», reforzando la idea de que los aciertos tienen dueño, y es ella, como si las obras se hicieran con su dinero y no con dinero de los veracruzanos.
La actitud de Rocío Nahle hace recordar a un gobernador priista diciendo que estaba «en la plenitud del pinche poder», pero además, erosiona la credibilidad de su discurso oficial sobre legalidad, ética pública y combate a los privilegios.
Nahle debería saber que gobernar no significa imponer, no escuchar, cerrar los ojos ante lo evidente ni blindar incondicionalmente a los propios.
Gobernar es entender que cuando un funcionario incumple con su obligación de servir, agrede a otro empleado o violenta una ley, no debe ser respaldado o protegido bajo el argumento de que ella lo puso y por eso ahí se quedará; menos cuando la ciudadanía observa lo que el gobierno insiste en negar.
Porque quien está en el poder puede imponer decisiones, pero lo que nunca podrá imponer es la percepción de una sociedad que ya aprendió a distinguir entre el discurso y la realidad.
Por eso el problema para Rocío Nahle no es que la critiquen por su actitud impositiva, soberbia y arrogante, el verdadero problema llegará cuando deje de creer que basta con decir «porque yo soy la gobernadora» para que los veracruzanos renuncien a creer en lo que ven con sus propios ojos.



